domingo, 16 de noviembre de 2008

Hormigas


Hormigas parecen, y en verdad, que tal vez lo sean.
Si fuéramos una nueva especie imaginaria, o visitantes recién venidos del espacio, y tuviéramos la ocasión de contemplar esta imagen con distancia, desde una cierta altura (la teóricamente suministrada por nuestra superioridad cognitiva), nos plantearía interrogantes del tipo: ¿Es un ritual de apareamiento? ¿Una lucha entre individuos por alcanzar el poder dentro de la colonia? ¿Una psicosis colectiva propiciada por la necesidad permanente de renovarse y de discriminar los miembros enfermos de los sanos?
Pues bien, no es ninguna de esas cosas en particular, y sin embargo, lo es todas en su conjunto.
En efecto, las maratones populares son la exaltación de lo colectivo, la veneración del poder catártico de las masas.
Más en concreto, es un gusano devorador de oxígeno, que expele CO2 y fétidas toxinas, y que se congratula de ello. Un gran monstruo hermafrodita, que durante una hora, o varias, perfora su agujero de ozono a través de las calles, de los puentes, y de los parques de la ciudad, y que en pocas palabras, sin ningún remordimiento, se limita a aplanar a zapatazos las rutas preferenciales de la civilización.
Con él, el ser humano renuncia a su condición de único e irrepetible, y pasa a ser vísceras funcionando a golpe de tambor, en el tope antropológico de su instinto animal.
Esta serpiente multicolor, que vive en un estado de taquicardia sostenida, se reta a sí misma, y se derrota a sí misma. Se golpea, se descoyunta, cruje… Entre convulsión y convulsión, sacude su atormentado interior, deshaciéndose de las células muertas.
Pobre de ti, si la bicha te arrastra. Pobre de ti si te atrapa. Su voracidad aumenta cada año.
Es otra más de las consecuencias del desprecio a la propia naturaleza, de la extorsión a la vida.

Hoy se celebró en Ourense, la 38ª edición de la carrera pedestre popular del San Martiño (San Martín, patrono de la villa). Su éxito, como ya viene siendo habitual en las últimas citas, fue abrumador. Sin embargo, su masificación demanda una mejor organización, más eficiente y más inteligente, que no se traduzca en el caos de la llegada.
¿Por qué no dotar a un evento tan primitivo de un poco de cerebro, aunque solo sea un rudimentario marcapasos ? ¿Tan contradictorio resulta?