Ser admirado por cientos, por miles, e incluso millones de fieles, turistas y curiosos, permaneciendo en todo momento impertérrito, aguantando la risa o el sueño, requiere de hecho, de habilidades muy trabajadas.
Es el caso de este Buda sedente en Sichuan, al oeste de China, el más grande conocido de cuantos se han excavado en la roca, adoptando esta postura.
Posiblemente sea ese gesto benevolente que esboza en su rostro, el que atraiga hacia él a los peregrinos en busca de protección y bienaventuranza. Yo, no obstante, viéndolo ahí, tan beatíficamente sentado en el trono, no puedo dejar de imaginármelo... Pues eso, sentado en el trono.
Un caso no muy diferente es el de este otro primo suyo, que en medio de la selva birmana, optó por saltarse todas las convenciones al uso en el mundillo de las estatuas, y se tomó la libertad de echarse una siestecita. Eso sí, sin quitarse los andamios, sin desmaquillarse... Todo muy informal.


Afortunadamente hay a disposición de los visitantes del Museo anexo, por cierto, muy cercano al también famoso Monte Rushmore, una reproducción en miniatura con los trazos definitivos del proyecto. Algo así como si... ¡Por si nunca acabaran el original!

Las de Saddam Hussein, las de Franco, las de Lenin, ellas también nacieron al mundo, como la de la sirenita de Copenhague, para encandilar a perpetuidad las pupilas de sus arrobados seguidores.
Lo difícil pues en este negocio, no es llegar, sino mantenerse. Y es que hasta para ser estatua ha de tener uno la suerte de su parte.
Un día estás ahí, erguida, orgullosa, elevando ante las miradas atónitas un discurso inaudible, aunque incontestablemente sólido, apoyada sobre los principios e ideales que te inspiraron, y, al instante siguiente, eres un montón de escombros, o chatarra, que yace en el suelo, sin patria, sin flores, sin amores, y sin la gloria eterna.
O si no, que se lo digan a Mamayev Kurgan, o lo que es lo mismo, traducido del ruso ¡La Madre patria llama! (no aclara si llama para comer, o para cenar, aunque no parece ser ese el caso...)


Conmemora la batalla de Stalingrado, durante la segunda guerra mundial, y a sus pies se cuenta que se hayan inhumados numerosos héroes (entre comillas) del ejército rojo. Preferentemente los que más se destacaron en el buen curso de la carnicería.
Como anécdota, hace mención la Wikipedia, a que el único hijo varón de la Pasionaria, Rubén Ruiz Ibárruri, también fue llevado allí a reposar eternamente. Y es que, aunque seguramente es vicio de todos, el debió tener, hasta sus últimos días, a su madre por alguien muy, pero que muy grande.
Nada que objetar al respecto, pues. Pero todo esto de la grandiosidad, real o impostada, duele decirlo, pero también tiene una pega muy gorda.
Todo lo ganado en altura, en magnitud, en proyección, es también perdido en estabilidad y en equilibrio.
La susosdicha señora de hormigón armado, hunde sus cimientos en el lecho de ciertos cauces subterráneos que, con el paso de los años, la han llevado a inclinarse hasta casi el punto de no retorno.

¿Pasará a ser ella también una estatua acostada, como sus vecinas del lejano oriente?
¿O seguirá aguantando, contra viento y marea, con la cabeza bien alta, y los pies en el suelo, como la gran luchadora que siempre ha sido, y que sin duda es?
Yo voto por lo segundo.
Por más que sea una votación perdida de antemano.

14 comentarios:
Jajajaja aguantando la risa o el sueño, eso fue la onda
Que bueno que no soy monumento, prefiero no ser vista por millones de gentes que tener que aguantarme la risa, porque yo nunca me la puedo aguantar
XD
byE
Lo malo de ser estatua es que hay que ver cómo te ponen las palomas... ;)
Yo voto por monumentos más modestos, más utilitarios, como el astronauta de la catedral nueva de Salamanca, por ejemplo...
Un besillo,
Nefertiti:
Pues el que hubiera monumentos risueños no sería descabellado del todo. ¿Acaso a tu paisano Botero no le dió por esculpir figuras de gordos y se hizo famoso en medio mundo...?
En fin, la idea está ahí.
;-)
besos
Merce:
Lo cierto es que las palomas están algo sobrevaloradas en nuestra sociedad. Eso de concederles que fueran el símbolo de la paz, es un poco como en el caso del nóbel de Obama, una cagada.
:-)
besos
Arancha:
Pues no tengo ni idea de que astronauta me hablas. Tendré que encomendarme al refrán ese que dice que, el que quiera saber, que vaya a Salamanca.
:-)
besos
Las llaman las ratas del espacio... por algo será. A mí me dan mucho asco, la verdad.
:-)
http://es.wikipedia.org/wiki/Catedral_Nueva_de_Salamanca#Curiosidades
Hola Cristobal (jeje, no se me olvida):
¡Seguro que te suena esta historia!
Te imagino completamente como el neo-cantero de la restauración de la Catedral de Salamanca: un tío con arte y simpático.
"Sin desmaquillarse", ja, ja. Me has hecho reir y no solo con esa frase.
A mi, de ser uno, me gustaría algo bien contemplativo. Nada de poses raras ;)
Un abrazo,
Natalí:
Si yo pudiera elegir un tipo de estatua en el que reencarnarme, creo que me decantaría por la de los oscars. Está cachas, es de oro macizo, y las actrices famosas se pirran por ella.
¿Qué más se puede pedir?
;-)
Los monumentos me dejan algo frío y si yo fuera uno de ellos estaría enfadado conmigo mismo.
Qué altivez, qué rigidez, qué distancia.
Y siempre sin decir una palabra más alta que la otra...
Juanjo:
Yo tampoco me hablo mucho con los monumentos. Es más, creo que las nuestras son posturas irreconciliables.
;-)
Solo de pensar en el trabajo que debe llevar hacer una de esas esculturas me agoto. Uff.
Particularmente prefiero los monumentos que se pueden comer... ehhh,me refiero a la gastronomía de los lugares.
Un saludo.
Sue:
Di que sí, Sue, porque de ir por hay visitando monumentos en plan mochilero y con bocata de choped, te acabas quedando hecho un espíritu.
Besos
Y lo que es peor: nunca pueden saber lo que pasa a sus espaldas!!!!
Estonoesunblogdehistoria:
Y si lo saben, se lo guardan para ellas. No son celosas ni nada las estatuas...
;-)
Besos
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