sábado, 29 de octubre de 2011

Lo que tiene ser de sangre caliente



Hoy ha empezado a funcionar la calefacción en mi casa, y de pronto, esos cuchillos de frío que habían empezado a asomarse por las esquinas han remitido.

¡Qué gustito volver atrás, de un plumazo, el curso de las estaciones!

De hecho, ahora mismo, sentado frente al ordenador, pienso en lo cómodo que resulta no tener que preocuparme de un asunto tan peliagudo como es el frío.


El frío, no lo olvidemos, mata, como quien no quiere la cosa, todos los años a millones de personas en todo el mundo. Generalmente indigentes, o personas mayores, con pocos recursos y que viven solas.

Aunque también a gente joven y aparentemente sana, que, fruto de nuestra sociedad de las comodidades, no le tiene el mismo respeto que se le tenía antaño.

Así que no desdeño en absoluto este bien tangible que es la calefacción.


Pero al mismo tiempo soy consciente de que traiciono mis ideales ecologistas. No soy consecuente con las posturas que mantengo, aquí en el ciberespacio y fuera de él.


Tal vez, yo, como otros muchos de mi misma cuerda, solo me haya fabricado una máscara, debajo de la cual me siento a gusto y protegido. Tal vez todo sea no otra cosa que una pose. Una forma como cualquier otra de quedar bien. De darme valor por medio de algo que en realidad no me cuesta ningún esfuerzo.

Pues ya lo veis, me siento culpable. Sé que se quemará mucho gas natural para que yo pase el invierno calentito, y que el planeta enfermará, a costa de evitarme a mi muchos catarros y gripes, sinusitis y faringitis, tosiqueos y tiritonas.

Por eso quiero pedirle perdón y darle gracias a la madre Tierra. Por el daño que le hago, y por utilizar tantas veces su nombre en vano, las más para enaltecerme gratuitamente, y vanagloriarme de una superioridad moral que poco o nada tiene de verdadera.

Si alguno os habéis sentido ofendidos, señalados, o de alguna forma presionados, exigidos, etcétera, por mis prédicas también os pido disculpas.

Nadie ha de pensar que cuando hablo en favor de una cultura respetuosa con el medio ambiente, amenace cosas tan necesarias como la calefacción o el agua caliente de la ducha.


Si bien el tener o no derecho a algo muchas veces se reduce a una cuestión de grado.

Por eso un año más os pediré amigos blogueros que practiquéis un uso responsable de estos bienes, calefacción, agua caliente, y similares, para que nuestra madre terraquea no sufra mucho.

Cinco minutos en la ducha son suficientes para quedar bien limpio. Estar más tiempo es incluso malo para la piel, y para las propias defensas del organismo.

Por otro lado, quiero recordar una vez más que poner el termostato de la calefacción a tope, es un despilfarro absurdo.

No se trata de teletransportarse a Hawaii, y que vayamos por la casa en camiseta de asas y deglutiendo un helado. La calefacción debería simplemente servirnos para mantener una temperatura que hiciese la casa habitable, no convertirla en la caricatura de un bungalow de un archipiélago tropical cualquiera.

Y nada más.


He procurado tranquilizar mi conciencia con este escrito, pero ello no evitará que se sigan haciendo navegables cada vez regiones más amplias del ártico, y que la fiebre de nuestro planeta siga aumentando preocupantemente.

Tal vez las futuras generaciones sean quienes hayan de enfrentarse a este problema, y no nosotros. Quien sabe. O quizás, al paso que vamos, tal vez sí.

Sea lo que tenga que ser, al menos valoremos, en su justa medida, lo que tenemos en nuestros hogares, y el tiempo en que nos ha tocado vivir.

Eso que tantos y tantos inconscientes, dan por garantizado e ilimitado, y que incluso se atreven a considerar secundario o intrascendente.

La calefacción es el equivalente, para un ciudadano de no hace ni un siglo, de un boleto premiado del Euromillón.

No olvidemos, pues estos "pequeños detalles".

El olvido nos hace ignorantes. Y la ignorancia nos hace peligrosos, para los demás, y fundamentalmente, para con nosotros mismos.

3 comentarios:

Landahlauts dijo...

En esto, como en todo... en el término medio está la virtud. Que todos hemos visto conocidos en camiseta de tirantes en casa mientras en la calle helaba...

Saludos

Merce dijo...

Por fin se fue el calor!!! :-)

Juanjo dijo...

Este año me ha llegado el catarro antes de poner la calefacción. Aquí nos desarma la humedad antes que el frío. Pero estoy de acuerdo contigo en que la calefacción es todo un lujo del que no somos conscientes. Hasta que llega la factura, claro.